Descend, Moses! (Malone, por supuesto)

Pretende ser un poco menos público que mi primer blog. Quizás escriba aquí cosas un poco más elaboradas. Quizás sólo parezcan más elaboradas en mi cabeza. En fin, juzguen ustedes.

Wednesday, May 31, 2006

Sobre Pulgarcito (Humano, nunca demasiado humano)


Luego de quitarle las botas de siete leguas al ogro, y robar mediante engaños a la esposa de éste, que los había acogido en su casa, Pulgarcito se sentó en una piedra a pensar. Sus hermanos seguían pasmados por el baño de sangre ocurrido por la mañana en casa del devorador de niños. Pensó durante un rato si era toda su culpa que el ogro hubiese degollado a sus propias hijas por haber cambiado sus coronas de oro por los sombreros de él y sus hermanos. Las manos le temblaban, pero se sentía extrañamente fuerte.
Todo esto era culpa de sus padres. Ésos cabrones. No conformes con haberlos perdido en el bosque para que murieran de hambre fuera de su vista (y los había oído decirlo) una vez, lo habían hecho de nuevo, y ahora no hubo rastro de migas para volver a casa. Con sus hermanos asidos a las botas mágicas, comenzó la marcha para salir del bosque. Si la primera vez sus hermanos habían decidido perdonar a sus padres, y olvidar el asunto, él se encargaría de que la falta de coraje de sus allgados otrora burlones y estúpidos no tuviese cabida de ahora en delante.
Se le hizo un nudo en la garganta cuando pensó en la esposa del ogro. Ella que los acogió en su casa, los alimentó y salvó sus vidas la noche anterior, ahora estaba sola, arruinada y con la urgencia de enterrar a sus siete hijas con sus propias manos. Quizás el ogro, a su regreso, la mataría salvajemente al descubrir que le había entregado a él, Pulgarcito, embustero, todas sus posesiones de valor. Esa fue la única culpa (lo sabría después) que lo persiguió hasta su vejez.
Dando pasos de siete leguas salió del bosque con facilidad. Veloz recorrió las villas aledañas, hasta llegar a la suya. Pensaba en lo que haría con el dinero. Sus hermanos eran unos buenos para nada, así que no dejaría en sus manos ni un céntimo. Por un segundo se arrepintió de no haberlos dejado con el ogro. Sintió sobre él unos ojos ajenos y pesados. Uno de los hermanos que viajaban arrastrados a sus pies, el mayor, lo veía como con miedo, y luego bajaba los ojos hasta su cinturón, donde resplandecía el cuchillo que también había robado al gigante dormido, embadurnado de la sangre de las siete desgraciadas. Pulgarcito sólo le dirigio una mueca de desprecio. El hermano bajó la mirada. Lloraba.
Entonces llegó a la puerta de su casa. Los hermanos se levantaron, empolvados y ensangrentados por el atropellado viaje, y ninguno se atrevió a pronunciar palabra. Dos de ellos gemían discretamente. Otro se sobaba una rodilla con fruición; sangraba. Pulgarcito avanzó despacio, con pasos cortos, haciendo sonar las botas pausadamente. El olor a vino y cordero guisado que se percibía desde afuera le produjo una rabia que le hizo contener el aliento por varios segundos. Abrió la puerta de par en par en un solo movimiento. Sus padres, que estaban sentados en la mesa, dieron un pequeño brinco, casi ratonil. Aunque Pulgarcito pudo captar en ellos un estremecimiento helado, y olía sus quijadas tiesas, no se movieron. Parecía que hubieran visto un ogro.

Thursday, May 25, 2006

MENTIROSO


Mercurio, diligente como siempre hacia las órdenes de su padre, llevó el ganado al lugar donde Europa jugueteaba inocente con sus amigas. Todo estaba saliendo conforme a lo planeado por el Dios del trueno.
Júpiter avanzaba confiado, erguido hasta los cuernos rumbo a la fácil y - cosa rara - virginal presa. Entonces fue víctima de su propia sensualidad animal. Él escogió ser la virilidad encarnada en forma de toro. Y lo que más había en ese divino ganado, que le servía de fachada para su pretendido rapto, eran vacas deseosas de un toro musculoso. El hecho de que fuese uno de los únicos dos toros blancos a la vista tampoco ayudó mucho. ¡Dos! A Júpiter lo recorrió un escalofrío. Las cosas se le salían de control al más poderoso de los dioses. ¿De dónde carajos había salido ese otro albino?
Las lujuriosas vacas lo acorralaban; lenguas, bifes y costados rozaban al confundido Dios, y más de una vez estuvo a punto de perder el equilibrio. Sus empujones y mujidos que parecían rugidos le sirvieron para maldita la cosa. Europa se iba perdiendo más y más de vista. Entretanto Mercurio (y esto, por pudor, no lo dice Ovidio) hacía su labor de mensajero y celestino. Poco le costó convencer a la doncella, mediante artilugios divinos, de que se acercara al majestuoso bovino que él, ingenuamente, creía que era su padre transformado. En un abrir y cerrar de ojos, la corona de rosas estaba en los cuernos del toro equivocado. Montada en el lomo del animal que no era más que un animal partió la hermosa princesa. Quién sabe qué bestialidades tuvieron lugar en los prados circundantes.
- ¡Hermes, eres un pendejo! - pensaba Zeus, que enojado a veces pensaba en griego, pero de su hocico seguían saliendo esos mugidos bravos que las vacas confundían con llamadas amorosas. Optó por recobrar su forma y partir al Olimpo cuanto antes. Luego de lavarse en sus aposentos, se encontró con Mercurio en un pasillo.
- Padre, espero que mis servicios hayan sido de utilidad. Y como siempre, estoy seguro de que usted no ha perdido el tiempo. La noticia de que Europa está embarazada está corriendo rápido por el Olimpo.
-¿Embarazada? ¿Pero quién te lo ha dicho a tí?- Júpiter tenía la cara descompuesta.
- Eh, bueno... de hecho yo lo estoy diciendo a todos. Es mi trabajo. Usted sabe. Alas en los pies, mensajero de los dioses... simplemente asumí que usted, por ser el más grande de los Dioses ... y su legendaria puntería para preñar doncellas... ¿Está todo bien? - Mercurio interpeló, confundido.
Júpiter se había puesto rojo y se sentía mareado. Se tranquilizó. No había ningún testigo de lo que realmente había pasado. Ninguno que pudiera hablar, aunque cortaría algunas cabezas de ganado por si las dudas. Con dignidad y resignación, reconquistó su compostura. Puso su mano en el hombro de su hijo, sólida. - Claro, claro, qué torpe soy, ja, ja. Pues sí, hijo mío, otra conquista exitosa. Europa fue seducida por mi majestuosidad en cuanto recobré mi forma. Y deja que te cuente los detalles. Me arrojé al mar, con ella en mi lomo, y llegué hasta Creta. Por supuesto que para mí no representó ninguna dificultad, y....

Wednesday, May 17, 2006

"Carver es un inepto", dijo un crítico al que no volví a escuchar.

El cuento (short story) es, junto con el poema, el género literario más difícil y, salvo para contados autores, el más ingrato. Si uno estudia con cierta atención (ni siquiera con profundidad) las diversas teorías e ideas sobre la estructura del cuento, uno aprende que en el fondo no se caracteriza por su número precario de páginas. Puede existir una novela de una página, y un cuento de 700. El Ulises de Joyce es prueba de lo segundo, y para lograr lo primero hubiera sido bueno convencer a Monterroso. Pero está muerto. Lo importante es que el cuento no debe tener ni una palabra de más. Al igual que en el poema, en el relato breve una frase mal puesta puede estropear el ritmo, hacer trastabillar el objetivo del autor. Es muy fácil que una visión magnífica o una idea brillante acaben dando tumbos porque pusimos en boca de nuestro personaje alguna línea idiota.
Los escritores norteamericanos tienen ciertas ventajas culturales para lograr buenos cuentos. Nadie como ellos tiene una conciencia de lo efímero y, paradójicamente, de lo rutinario. Creo que en todos los demás ámbitos de la vida, esa conciencia es una maldición. Pero ellos, a fuerza de recibir mensajes ilimitados cada minuto y extender el campo de la moda a territorios impensables (con la necesaria corta vida de todas ellas), como la religión y la cultura, aprenden a "metabolizar" rápidamente las ideas y las experiencias. Y de eso se tratan los cuentos. Los críticos del cuento moderno se mofan del "endiosamiento del tedio" o del "realismo de K-Mart", y me recuerdan al presidente del club de ajedrez, quejándose de que las películas pornográficas no tienen trama. Si nos adentramos un poco en la obra de algunos maestros del género (Hemingway, Faulkner - sí, no es una errata, Faulkner-, Carver, Anderson, etc...) descubrimos que sí se nos cuenta una historia en cada relato. Descubrimos también, empero, que la historia no es lo que más importa. Un buen cuento nos revela (si la queremos ver) una faceta obscura o al menos enigmática de un hombre; de todos los hombres. Unas veces encontramos que no hay maldad más pura que la de dos niños con una escopeta. Otras, que la puerta del infierno, el lugar donde un minuto es eterno y el sufrimiento se apodera de nuestras almas, tiene cara de gasolinera enmedio del desierto, y nuesto boleto de entrada es el auto robado que conducimos hacia la nada mientras nuestra hija pequeña juega con su perro en el asiento trasero (lean a Richard Ford). El tema es, como siempre que se llega a un punto interesante relativo al arte, el debate entre la vida y las formas. El artista debe buscar nuevas formas para que la vida, en cualquiera de sus manifestaciones, fluya. He encontrado en el cuento moderno un interesante conducto de lo vital y, como el cobre cuando conduce la corriente, su efecto no siempre es amigable, pero es indubitable. Y si Juan sólo puede asimilar el cuento de la princesa que primero se pincha el dedo, después es salvada de las garras de un dragón y por último se casa con el príncipe, peor para Juan.

Tuesday, May 09, 2006

Este post se llamaba diferente (pero parece que ya existía, aunque las palabras pertenecen a todos, creo)

- Sin talento para otra cosa más que para tocar la guitarra en las reuniones, sus padres lo convencieron de estudiar filosofía.

- Libros que me gustaría leer, si alguien se decide a escribirlos:
a) Teoría General de los Malentendidos.
b) Claves para comprender la Teoría General de los Malentendidos.
c) Nunca olvido una cara (Novela policiaca).
d) Nunca olvido una cara (Ensayo político).
e) Nunca olvido una cara (Documental sobre prostitución en la ciudad de México).
f) Chistes sobre Kant.

- El cielo es un lugar donde no se tiene el deber ni de barrer las nubes.

- "Es mejor dar que recibir", dijo un ayudante de Santa Claus, ante la mirada de aprobación de su compañero de celda.

- Todo el mundo sabe que la manera más fácil de crear un laberinto es poner un espejo frente a otro. Si los ojos son espejo del alma, saque usted sus conclusiones.

- Los gordos trabajan incesantemente para que la tierra no salga de órbita.

- Por pura timidez, cuando le preguntaron si aceptaba, no confesó que ya tenía otra esposa.